«Estaba sentado en la biblioteca, tratando de concentrarme en un libro de cuentos pasados, cuando te he visto.
»Eras tú, no me equivoco, tú hace seis años, que estabas en esta misma biblioteca redactando un trabajo a ordenador, sentada en la fila más adelantada, un poco más a mi derecha que hacia el centro. Y eras tú, no tengo dudas.
»Balanceabas los pies cruzados sin tocar el suelo, cubiertos por deportivas blancas de ese material plástico tan cómodo y antiestético que ahora has sustituido por botas Coolway y zapatos Mustang. Vestías con modestia, unos vaqueros simples, sin ajustar, y un jersey azul oscuro, casi tu color favorito por entonces, tan adverso a destacar en una multitud.
»Una mochila barata en la mesa, a rebosar de libretas en las que escribías todo, sin perder detalle, como si quisieras dirigir la película más minuciosa del mundo. Un estuche marrón, grande y feo, pero funcional. Escribías mirando la pantalla, como tu formación mecanográfica exigía, sobre un documento de PowerPoint todo lleno de puntos y letras, sin imágenes.
»El pelo largo un poco por debajo de los hombros recogido en una coleta. De color castaño claro, teñido y rizado, no ondulado, como se te ha quedado a base de alisamientos. El perfil del rostro lo tenías terso y suave como efectivamente era, sin rastro de adolescencia y dotado de una carnosidad ahora perdida. Estabas suavemente salpicada de líneas adicionales que tus curvas actuales han desterrado hasta el estilismo.
»Eras tú. Era imposible que no pudieras ser tú, hace seis años justos, porque allí estabas, un poco más adelante a la derecha de mí, sorprendido y enamorado de no se sabe muy bien si de no haberte conocido antes o después.
»Evité levantarme para verte la cara, para acercarme a ti y desfallecer con la inexorable verdad: que era imposible que fueras tú, pero que allí estabas, idéntica al día en que te conocí.
»Volví la vista al suelo y salí para tomar un café, dar un paseo y, quizás, despejarme un poco si me venía en gana. Cuando volví adentro ya no estabas.
»Te escribo para darte las gracias. Sé que ya no soy nada para ti, ni aun tú representas nada fuera de este estético mundo cambiante. Pero te agradezco que volvieras a la biblioteca, hace seis años exactamente, para recordarme que no has sido tú la que ha cambiado.
»Adiós.
