Verosimilitud es poco

KURT

Si usted se considera, por alguna casualidad entre sus letras y las mías, escritor de historias en cualesquiera de sus modalidades, debe saber que es una persona fracasada como narradora. Yo también, no se lo voy a negar, sería un poco idiota decir que soy mejor que usted cuando la única baza que tengo es que está leyendo esto mientras yo todavía no he catado nada suyo. Pero, en todo caso, somos unos patéticos luchadores de los cuentos.

Da igual, no me venga con que es usted un Cela o una Matute -en cuyo caso me rendiría a sus caracteres patrios y su fantasmal presencia-: no hay comparación posible entre diferentes generaciones de cuentistas, cada una tiene sus peculiaridades. Y cuando hablamos de cuento, cuento extranjero de verdad, cuento internacional, son muchos los nombres que pasan por nuestras pedantescas seseras, a la espera de dar con el más acertado o, como mínimo, de convencer al adversario con el que más nos gusta. De lo que no podemos prescindir, y espero que coincida conmigo en ello, es en el carácter histórico de la literatura que se ha labrado un sólido puesto en el recuerdo de los lectores.

Esta es la ubicación exacta del señor Vonnegut Jr., el escritor, el que volvió de Dresde con una de las novelas norteamericanas más importantes del siglo XX bajo el brazo. Es extraordinario contemplar cómo mientras el resto de escritores de los Estados Unidos se empeñaban en escribir la Gran Novela Americana él se dedicaba a narrarla autobiográficamente. No en vano defendió aquello del «escribir solamente de lo que uno sabe», y él podía comprender tanto del sólido americanismo como lo pudo haber demostrado el propio Philip Roth.

Es una verdadera lástima que debido a un tropezón no hayamos podido conocer más relatos suyos, especialmente cuentos, cuya publicación ha sido a título póstumo. La cartera del cretino, editado en España por Malpaso hace algo más de año y medio, es una muestra de esta búsqueda del carácter americano -entendido, queda usted disculpado, señor Vonnegut, como norteamericano- en una Novela Total. La diferencia, como bien queda demostrada, es que en la obra de Kurt Vonnegut no hay una pretensión de veracidad, sino que es la verosimilitud la que juega con el carácter independiente del propio lector, consciente de lo que lee y que lo que lee, muy probablemente, hayan sido vivencias o impresiones del autor.

La cartera del cretino, de haber existido algún título similar para el género, pertenecería a ese montoncito de relatos que pretende abarcar la realidad norteamericana sin pretensiones y sin ínfulas de comprender la totalidad de un país demasiado grande para un solo autor. Los relatos, repletos de una hipnótica prosa de la que el autor hace firma, sumergen al lector entre simples historias que excitan por creíbles, por auténticas.

Pocas editoriales se atreven con las tapas duras, amigo, pero si tiene usted que editar su libro de narraciones extraordinarias, más le vale ser un Kurt Vonnegut, porque el catálogo está salpicado de magníficas referencias. Mientras tanto, puede usted deleitarse con obras como esta.

La cartera del cretino

Kurt Vonnegut

Malpaso Ediciones

2013

144 páginas

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