DE CAECITATE

"Looking on darkness, wich the blind to do see"
William Shakespeare

Los ciegos no dejan de ser hombres, que sólo coinciden en que no ven. Por lo demás hay tantas cegueras como hombres cegados y son tan incomunicables como las experiencias de los místicos o los sueños.

Los ciegos del libro de Saramago veían un mar lechoso, los de Shakespeare veían sólo el color negro, Borges se quedó con un poco de azul, otro poco de verde y con el amarillo de los tigres.

La ceguera puede ser de nacimiento o sobrevenida. Ocurre que el Hacedor decidió colocarnos unas ventanas al mundo demasiado blandas y gelatinosas; demasiado fáciles de pinchar. Sea como fuere –clasificar es baladí, la ceguera es igual de legítima, pero ya saben, somos humanos- la estirpe de los ciegos nos ha dado grandes nombres. Polifemo, Milton, Borges, Homero, Joyce, Sansón, el venerable Jorge–el de Eco-. Nombres hermosos de pronunciar.

Hay en las caras de los ciegos algo inquietante y terrorífico, una asincronía en la expresión, un poso de desorden. No se puede sonreír sin haber visto una sonrisa. Creo que nadie soportaría ver a un ciego llorando; habría demasiado horror en esos ojos.

Al contrario que los ciegos de la literatura, que han custodiado islas o han envenenado páginas de la Poética, los ciegos reales han vivido mucho tiempo de la mendicidad, porque los hombres que ven no pueden comprender a los hombres que no ven. Los ciegos de Buenos Aires viven en las cloacas, según la trama de Sabato, salvo Borges, que huyó a Ginebra para morir.

Sabemos que Dios se apiada de ellos porque Cristo se afanaba en sanarlos.

Borges una vez habló sobre su ceguera, y al final de todo lo que dijo, dijo esto:

<<Todas las cosas van dejándonos. La vejez tiene que ser la suprema soledad, salvo que la suprema soledad es la muerte. También “todo lo cercano se aleja” se refiere al lento proceso de la ceguera, del cual he querido hablarles esta noche y he querido mostrar que no es una total desventura. Que debe ser un instrumento más entre los muchos, tan extraños, que el destino o el azar nos deparan.>>

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