I loved you Emma

Hay cosas que cuesta explicar. Ser gorda, ser de Atlanta, ser una desgraciada que culpa de todas y cada una de sus miserias a su propio sobrepeso, ser la clienta estrella del Burger King que hay en la calle Princesa. Todo eso a la vez, claro. Por ejemplo. El miedo a volar en avión. Por poner otro ejemplo. O pretender leer el especial dedicado al recientemente fallecido Gabriel García Márquez en un diario de tirada nacional y terminar apartándolo a un lado para prestar atención a la entrevista que Yo Donadedica a una tal Emma Watson, famosa gracias al papel que interpretó en la saga de Harry Potter. Por citar mi propio ejemplo.

¿Realismo mágico? No me jodan. Que la muchacha es guapa hasta decir basta y en la portada de la citada publicación se asegura al lector que ella “se empeña en ser normal”. O dicho de otro modo: “Tú también puedes ligártela”. Así que no se lo tome usted a mal don Márquez, pero la página 26 me espera. Y no voy a mentir: uno acude hasta ella con más nervios que prisa, esperanzado como nunca antes lo había estado en toda su vida, deseando encontrar entre aquella algarada de palabras alguna pista o dato que induzca a plantearse algún tipo de flirteo con posibilidades. Yo te puedo enseñar a ser normal, Emma. Yo reboso normalidad –grisácea, auténtica-, Emma.

“A veces entro en un bar y cuento chistes para que la gente vea que soy una chica más”. Como no detalla qué tipo de chiste cuenta cuando a veces entra en un bar con la intención de que la gente vea que es una chica del montón la quema se aplaza. A fin de cuentas, los comienzos siempre son difíciles. Página 29, al lado de una foto que retrata a nuestra Venus contemporánea: “El proceso de envejecer me parece fascinante”. Uno, que ya se acerca a la treintena sin todavía haber conseguido una pareja estable, un techo propio ni una nómina decente nota cómo de repente sus fuerzas flaquean. Pero Emma Watson es guapa hasta decir basta y ello exige paciencia; quizás disimule su inteligencia a modo de filtro para tontos y precoces. Seguimos, pues, en la página 29, tratando de preservar el optimismo mientras sale al paso la siguiente declaración. “Me interesan más las mujeres que no son perfectas”. ¡Zas! ¿Y el optimismo? Tomando las de Villadiego, porque la estafa empieza a ser evidente.

La autora de la entrevista, en una demostración de habilidad seductora, ha decidido contrarrestar la belleza facial de Emma embadurnando de tipografía gigantesca una oda a la humildad digna de quien busca compañía en una página de contactos. Pero el percal huele a kilómetros y uno confirma este extremo cuando abandona las frases destacadas y se sumerge en el grueso del texto: la muchacha recibe a la periodista en un club exclusivo de Londres –el Shoreditch House-, con 23 añitos su caché supera los 36 millones de euros y sale con “el soltero más codiciado de Oxford” –un jugador de rugby llamado Matt Janney que el día menos pensado invadirá nuestras pantallas anunciando jabón para torsos rasurados-. Todo ello al margen de lo clásico, como no querer hablar de su vida privada, tener a 12,8 millones de tuiteros desatendidos o decir soplapolleces en torno al tan manido y recurrente concepto del amor.

Emma Watson, me da la impresión, busca interesar a los gilipollas. “Elige las palabras con cuidado y habla mucho sobre ser normal. Es algo que las celebridades suelen hacer y que a veces no parece nada inocente”. Minipunto para la periodista, cuyos remordimientos parecen querer avisar al incauto lector en un momento dado de que aquí hay tomate. Pero: “Sin embargo, Emma parece ser sincera en su afán de triunfar en el reto mastodóntico de llevar una vida normal aunque sea una de las chicas más famosas del mundo”. Y se avala esta tesis explicando que está matriculada en la Universidad de Brown “como una estudiante más”, que llama mucho a sus amigas de la infancia porque “me permiten estar pegada a la tierra”, que al pedir un vaso de agua a los camareros les “saluda con afecto” y que prescinde de llevar seguridad las 24 horas para “pasar inadvertida cuando no estoy trabajando”. Ajá.

Que no cuela Emma. Que en esta tierra de ladrones –“Welcome to the land of thieves”, como explica con gran teatralidad mi buen amigo y confidente Jorge Gato a las guiris que trata de seducir con periodicidad centenaria- las milongas o cumplen unos requisitos mínimos o te las comes. Ahora bien, como nunca se sabe y nada me dolería más que pecar de listillo, antes de firmar esto y abandonar la pluma me gustaría aclarar dos cosas. La primera es que la impresión de que la señorita Watson ni lleva una vida normal ni lo pretende se basa única y exclusivamente en la lectura y posterior análisis de la citada entrevista. La segunda es que si me quiere corregir estoy dispuesto a aceptar una invitación a cenar por su parte siempre y cuando se deje al matanenas de Oxford en casa.

3 Comentarios

  • JM dice:

    Todo esto es una opinión sobre una entrevista. ¿Pero si no pudiera acceder a la misma para juzgar por mí mismo por qué iba a interesarme su opinión? Supongo que esto es lo que usted leyó: http://www.elmundo.es/yodona/2014/04/17/534d5718268e3ece2d8b457f.html Que debería estar indicado en alguna parte del texto.

  • Carlos dice:

    Lo mejor del artículo es el trabajo del artista, impresionante.

  • Borja dice:

    Estimado JM: Debo reconocer que en un primer momento sí albergué la intención de enlazar la entrevista. Sin embargo, al terminar de escribir el artículo pude comprobar con enorme tristeza que el resultado final no resultaba tan interesante como yo había pensado en un principio, y ya era tarde para dar marcha atrás. Preocupado por tal circunstancia, emprendí el diseño de un plan que recompensara de alguna manera al lector entusiasta (¡a usted!) por el chasco. Se me ocurrió, entonces, jugar al escondite: yo no daría la referencia exacta de la entrevista pero sí dejaría pistas en el camino -la muerte de Gabriel García Márquez, la cita de portada, el número de página, etcétera- para que el público, encendido por haber sido testigo de semejante desengaño sexual, tuviese la ocasión de rastrear y de leer por su cuenta y sin ninguna mano negra detrás la misma estafa que yo. Estimado Carlos: No podría estar más de acuerdo. Un cordial saludo para ambos y agradecido quedo por sus opiniones y anotaciones.

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