A cualquier cosa lo llaman poesía. Literatura y ausencia

KP2

No mentiré. Les aseguro que entiendo de olivos, de cerdos, un poco de filosofía (tan próxima de la fauna rural) y a veces, de algo de narativa. Pero no entiendo demasiado de poesía.

Sé, por ejemplo, que la sensación que me transmite la lectura de Hojas de Hierba es bastante mejor que aquellas rimas infaustas sobre grillos y lechugas que escribí de niño y que es mejor que permanezcan en la hoguera. Y lo que también puedo entender es que la poesía no se escriba en verso, ni en prosa, en prosa poética, ni en cirílico. Entiendo que la poesía surge de los más profundos abismos del autor que la compone, que la plasma en el papel que el libro le deja. Son las palabras las que guían a su autor, y no el autor el que trata de decir lo que sólo logra sentir.

Cuando uno se enfrenta a un poemario como Mediodía en Kensington Park, el texto lo lee para disfrutarlo. Aparte de las reseñas culturales de diversa índole (especialmente literarias, claro, no dejamos de salir del campo de la metaliteratura), el inevitable sentimiento de soledad y morriña del autor quedan reflejados en treinta breves descripciones (o poemas, o como quieran llamarlo) de la experiencia de la filosofía británica, tan diferente de la mediterránea.

En torno al parque, Javier Sánchez Menéndez contagia al lector de un placer inusitado por un ambiente a medio camino entre la asfixia de la posición de una estrella en medio del vacío del universo y la libertad de poder asimilar todo el espacio que le rodea en una especie de confort natural. Entre la tensión de la civilización y la comodidad de la naturaleza, Kensington Park supone el nexo que llevará a autor y lector más allá de los límites de la singularidad poética.

Mediodía en Kensington Park, publicado en La isla de Siltolá, editorial de brevísimas editiones y maravillosas obras para cualquier momento (tienen un magnífico formato para llevarlas donde sea, a Cádiz, a Londres o a una isla), es de esa poesía a la que se le puede, en un arrebato cósmico de locura literaria, tildar de cualquier cosa: a cualquier cosa la llaman poesía. Eso sí, cualquier cosa que, como poesía que la llaman, haga vibrar al lector y transportarlo no a un espacio geográfico, sino a uno neurológico y emocional: la inquietud del autor.

Cuarto libro de los diez que componen la colección Fábula, Javier Sánchez Menéndez nos ofrece su mejor paliativo contra la depresión, contra el sentirse perdido que a veces uno puede estar entre un ambiente que desconoce, en mi caso, la literatura; en el suyo, la ausencia. Un delicioso poemario de textos humanos, sencillos y reflexivos, textos para disfrutar marchando en el viaje a lo desconocido.

Mediodía en Kensington Park

Javier Sánchez Menéndez

La isla de Siltolá

2015

72 páginas

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