meta

Perfecta, incompleta. Dramático comienzo e irremediable trágico final en este presente leído como cotidiano. Se secan los días, nada nuevo bajo el sol.

Hace horas ya que amaneció a este lado del mundo, medito las opciones que perdiste a cambio de esa otra, la pienso, me la recuerdas todos los días; como también confiesas tus horas de silencio, respuestas que callabas, de las que sólo tengo noticias pasada su ocasión. Haces la memoria de cada sueño, aquel que olvidas, aquel que te obligas a no mentar.

Siempre te escuché atento y hasta pude comprender aquella vez que dijiste eso de que todos teníamos un precio, que siempre escondemos un secreto; para entonces ya te habías aferrado a lo irrechazable.

A menudo nuestro ego quedaba boca arriba sobre la mesa, junto a las tazas de café, frente por frente a cada uno de los dos. Hablabas entonces de nuestro presente como pura carencia de lo que nos había sucedido, como si cada amanecer no fuera totalmente distinto al anterior.

Damos importancia a lo olvidable, nos mantenemos en suspenso desenmarañando la memoria, ¿cuánto azúcar en cucharilla disolví esta tarde? ¿Con qué bolígrafo nos tomaron nota? ¿Levantamos acta? Que distinguiéramos lo concreto de la realidad nunca fue nada extraordinario; a pesar de esto, toda experiencia, sobre todo si nos sacaba de nuestro centro, resultaba apasionante.

¿Recuerdas? Me trajiste una fotografía en la que sonreía, pero yo ya no estaba ahí, ¿quién pulsó el disparador? No supiste responder… Alguien que me dio muerte, sí. Observo a un desconocido, no me miro a mí, miro al objetivo. Abrir y cerrar de diafragma, y ahí sonrisa perdida a media distancia, más a lo lejos alguien vuelto de espaldas, unas mesas, sillas de anea, medio plato pequeño, el asa de una taza. ¿Y atrás? Pasado y muerte, mentira y olvido.

Nunca te has visto en una huida como esta, me hablas de cómo entrar a la vida-jungla, de la manera más eficaz de alcanzar los objetivos. Hay tantas cosas que no entiendo… no ganarás distancia, nunca te ofrecerán un duelo, huirás; en realidad huirás sin finalidad.

Mantienes la mirada, la mejor de las posibles. Estando bajo una extraña aflicción explicas cómo las metas se desvanecieron una a una cada vez que pensaste haber llegado. La evidencia impuesta, aquella que nos posee y nos abre mundo; amanecer tardío, cotidiano. Este lado es sin más allá, desde aquí no alcanzaremos el final del arcoíris, nuestro sin-fin no vendrá por un salto sino por la meta como recomienzo. No es necesario creer, ya tenemos suficiente con alcanzarnos personalmente a cada paso.

No fuiste ´uno´ mientras esperabas y hacías por cambiar, tu expreso deseo dejaba atrás a tu estela. Insumergible viste cómo el destino decidió por ti. En este punto de clausura ¿qué decir? Apenas queda tiempo hasta que te me pierdas a la vista y no alcances la lectura. Suspendemos nuestro reencuentro hasta la próxima revolución.

Sabiendo de qué huyes ¿a dónde ir? Hoy no me encontré sino bailando, pegando los pies a un ritmo que me nace con los ojos cerrados. Traté de plasmarme en cada segundo del día de hoy, a sabiendas lo viví plenamente; llegaré a olvidarlo, no habrá ninguna imagen que recuerde ni mi olvido ni mi muerte.

Cometa, hasta la vista, te mantendré la mirada, la mejor de las posibles. Nos volveremos a ver, será, de nuevo, primera vez.

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