Notas del presidente itinerante

Una carta para ti.

¿Para mí?

Para ti.

Notas del presidente itinerante:

Puedo resultar despótico, pero qué remedio, lo soy. Me recuerdo siendo niño pidiendo «por favor, por favor, por favor» ser PRESIDENTE, y soplar las velas con los ojos cerrados «fuerte, fuerte». En ese tiempo ninguno de los que me leéis habíais nacido, ni vuestros padres, ni los padres de vuestros padres, ni los abuelos de vuestros padres ni tampoco los tatarabuelos de los abuelos de vuestros padres… quizás esté exagerando, ¡qué más da! Lo importante es que, desde entonces, ya sabía cuál era mi destino y el de vuestra-nuestra humanidad.

Mi papá ha encarnado, y encarnará por siempre, a los presidentes de casi todas las novelas y novelillas que podáis leer (del otro `casi´ se encargan de la encarnación mis tres tíos). Mis primos (cuatro primos de cada uno de los hermanos de mi papá, todos varones) y yo nos encargamos de encarnar, en esta nuestra vida real, las caricaturas categóricas de nuestros ascendientes directos por medio de la ahora votación popular.

Personalmente, he de confesar que de esta actitud intemporal presidencial me cansé hace mucho. Recorrer históricamente los años y los años tirando del carro abanderado por el avance de los tiempos es muy aburrido; no me negarán, y si me niegan pónganse en mi lugar, que es mucho más divertido ir azotando al burro desde atrás. Ahora mismo profundizo en el procedimiento y dejo me den la razón. DOS PUNTOS.

Elige la zanahoria mejor del huerto. Una bien grande, bien naranja, bien brillante. Agarra una cuerda, de un extremo ata nuestro mejor fruto del huerto; ata el otro extremo a un palito; sujeta el otro extremo del palito sobre la cabeza del burrito. Y ahora sí, golpe fuerte de espuela, que se capte quién manda y quién es de los mandados, ale, ale, arre, arre, a caminar, a dar vueltas. Siempre puedes recitar bien alto versos desconcertantes para que los demás no escuchen el arreo, algo del tipo «las naranjas son naranjas, las zanahorias son naranjas, las naranjas no son zanahorias»; para muestra un botón, eso dicen ¿verdad? En lo que la panza os lleno y os recito mis poemas soñaréis con ir tras ésta-toda-vuestra zanahoria. Dando vueltas y vueltas a la rueda parece que se avanza, y sólo se gasta más y más el suelo de tan caminado, de tan pisoteado.

Creo un titular polémico, la prensa me lo compra. Salgo de fiesta con mi primo, tú me lo compras. Me peleo con mi otro primo por las ceras, la prensa me da ceras y más papel. Me salgo de la línea dibujando, tú me das crédito, más papel, más dinero, más madera. Cambio de tema; son muy divertidas las votaciones, a ver qué primo la tiene más grande, la zanahoria, y también más arte, y más poder de desconcertación. A menudo nos sirve para medir y alimentar nuestro ego, siempre por encima de las posibilidades del resto, como debe ser.

Mi papá está muy contento con la gestión que llevo, hagan cuentas DOS PUNTOS. Me levanto muy temprano para tomar el avión hacia la otra punta del mundo, asuntos familiares, apretón de manos, foto, titular, rueda de prensa, parchís y a casa; día siguiente DOS PUNTOS otra vez lo mismo, avión, final de Quidditch, copazo, escribo algo para mis seguidores en twitter (y que lo arrojen a mis detractores, en el siguiente párrafo hablo de ellos, palabra de presi; donde hubo llama siempre quedará rescoldo, a enemigo que huye… puente de plata), ¿por dónde voy? Ah, sí, mis cuñados, mis cuñados se encargan del papeleo, de las migas de pan y del día a día del borrico, es decir: la distribución del pienso (calidad y cantidad), distancia del hocico a la zanahoria, color de los tapaojos, longitud del recorrido a caminar (según estimaciones saludables), etc., etc., etc.

En efecto, podría ser el presidente por mis detractores soñado, pero lo cierto es que me importa un rábano, perdón, una zanahoria; ya que hablen con mis primos. Nunca quise cambiar el mundo a través de la política (así llamo a lo que hago, así lo llama mi papá), el mundo de la política (así lo llamo, así lo llama mi papá) es quien ha cambiado la imagen que tienen de mí, siempre a mi mejor perfil, por favor y gracias. Ándeme yo caliente, ríase y llore la gente; qué más da si antes de que cambien nada habrán desistido ya por viejos, ya por las pocas ganas, ya por los tapaojos de color, ya por el burro viejo, ya por los burritos, o ya por haberse liado demasiado en el acertijo de las naranjos zanahorios… Mi papá es siempre joven, siempre sabio, siempre responde, siempre gana, y yo servidor de él, hago a tamaño real sus andanzas, hago todo cuanto me plazca.

Sirvan el último PUNTO como punto y final de la presente-incompleta-perfecta carta; un tiempo y un lugar, el de ahora, preso del olvido por no leer, por no pensar la letra. Mis últimas letras, mis incontables ganas de terminar el puzle, y dar uso a los colores, demasiado negro sobre blanco. PUNTO. ¡Me he vuelto a salir! ¿Qué más decir? Hay tanto que nadie ya leerá…

Inmortal presidente, gracias, gracias, gracias. Sirva esto de nota personal dedicada a la comunidad que me alimenta y engrosará por los siglos de los siglos (amén).

Y-PUNTO.

¡Mierda, otra vez! < – (VOZ EN OFF)…

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