Cómo no hay que vivir

CP2

Se abre un libro como El oficio de vivir de Cesare Pavese con la esperanza de encontrar respuestas sobre los modos de amar, el sexo y la falta de él, la creación poética, el suicidio

El comienzo de la lectura es inocente: estamos ante el diario del autor de Trabajar cansa o La luna y las hogueras, nos hemos acostumbrado a una honesta simplicidad en su estilo, a toparnos con mucha búsqueda desnuda del pueblo donde se nace. Todos nos sentimos como él. Esperamos encontrar en su diario esa dulce nostalgia por la infancia que casi nos hace perdonar que no pudiese soportar la vida adulta, que nos conmueve. Esperamos encontrar en él la sensibilidad de quien comprende algunos viejos mitos y de quien tan tanto amó.

Con el paso de las páginas la sensación es otra. Lejos queda la luna, lejos queda el niño que corre entre las colinas. Eso que Pavese relataba de su tierra natal y su auténtica realidad rural nos parecía un lenguaje lleno de carga vital, fiel a una vieja idea matriz antropológica. En El oficio de vivir empieza a despuntar, en cambio, un sufrimiento enconado, se presenta como un lamento voluntario y perseguido, como un dolerse de la infancia por motivos probablemente sólo egoístas.

Pavese siempre se presenta irónico. Afila afirmaciones sobre las mujeres. Amó a varias y ninguna permaneció. En su diario el despecho emerge en forma de sentencias misóginas tan vulgares que el lector tiene que reírse, sabe que de la ironía ha pasado al descontrol de quien sufre. Un tipo de descontrol adolescente, infantil -pero no tierno-.

Despojando El oficio de vivir de los fragmentos sobre el desamor, las miserias sexuales y el odio a ciertas mujeres, nos queda una gran mayoría de momentos de lucidez y racionalidad. Nos queda la madurez de un hombre mayor, a veces la mirada de un viejo. Sin embargo a menudo sus palabras se enredan en una autocompasión y un deleite absurdo en el propio sufrimiento.

Pasa de la infantilidad a la anciana sabiduría con una velocidad que llega a ser ridícula. Reflexiona sobre sí y sobre su pasado, sobre el dolor y sobre las mujeres, mientras muchos de sus amigos y compañeros luchan en la Resistencia. Es en su actividad política donde Pavese revela un creativo egocentrismo: sí, estuvo en la cárcel durante el fascismo, pero -ah, de nuevo el amor- fue encerrado sólo por guardar cartas comprometidas a la mujer que nos presenta como la primera que amó. Fue en ese tiempo de confinamiento cuando inició El oficio de vivir.

Teniendo en cuenta el carente sentido del colectivo expresado en el diario, la casi total ausencia de reflexiones sobre la guerra, ilustra el valor de sus reflexiones cotidianas, pero pierde su peso al convertir sufrimiento y suicidio en dos de las palabras más recurrentes de la obra, limitándolas siempre al sí mismo, olvidándose de la realidad compartida.

A pesar de todo esto, a pesar de que un hombre agudo, sensible e irónico de repente se nos aparece como un niño que patalea pero observa como un viejo, El oficio de vivir es una obra que Pavese no pudo controlar tras su muerte. Dejó hermosas obras poéticas y completísimos trabajos en prosa, cuidadosamente elaborados, que voluntariamente quiso que permanecieran, tanto como sus colinas. ¿Será posible volver a leerlos igual tras la brutal carga que nos deja su diario? ¿Es acaso justo que podamos juzgar sus momentos de debilidad?

Sea como sea, de su voluntaria soledad y casi igualmente voluntaria depresión, quisiera aprender. Este libro nos indica qué pasos no seguir, o por qué acariciar el sufrimiento puede ser sumamente egoísta, y tal vez ni siquiera la poesía lo pueda justificar. Por qué el sexo no puede ser eso que Pavese nos cuenta, tan frío, tan calculado, tan lleno de miedo.

Por supuesto, como él hubiera dicho, la idea de la muerte voluntaria se presentaba una y otra vez en sus escritos como instintivo retorno mítico, como esfera perfecta. No pudo ser más circularmente fiel a su recorrido que suicidándose tras la pérdida de su último amor, perdonando a todos y dando por culminadas todas las cosas. Su fin tal vez fue una profecía autorrealizada.

El oficio de vivir
Cesare Pavese
Seix Barral
2001
432 páginas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *