Sobre lo Otro

I:

La mañana de un domingo de mayo es el momento perfecto para fingir toda la felicidad que espero de la vida, toda a la vez. Este esfuerzo hace del acto I un momento que no puede permitirse pensar en los siguientes. Así que no pienso: el levante se ha apagado y está llegando el poniente, significa que estamos a tiempo. En la playa hace la brisa justa y cruzo una desembocadura: hay vacas tumbadas sobre la arena blanca, pesadas y marrones. Marrones y quietas, las esquinas de sus cuerpos forman ángulos rectos. Cogemos el brillo del nácar que ha llegado a la orilla. Las vacas nos miran, con los ojos llenos de nada que decir. Casi cuencas vacías. Les doy la espalda para que se queden igual.

II:

A la hora de irse hay que pensar mucho. Pensar mucho en I. También el lunes y el martes. Mucho, mucho. Se acercan actos horribles y aquel era el único donde quedaba pureza y calma, brisa y nácar. Al fin me he ido: saco de la mochila el nácar de ayer, se ha roto en el camino. Al menos soy libre de la falsa calma de un domingo. Todavía no quiero concebir un futuro. Quedan dos días para volar, y para su radiocirugía. Volar y radiocirugía: todo a la vez. Imagino las vacas en lugar de su cabeza. Pienso que lo extraño del rostro de las vacas, lo extraño de sus ojos, es todo lo extraño de lo otro. Lo otro también es la lengua que todavía no conoces bien. Lo otro también es su enfermedad. Lo otro también son los actos que me quedan.

III:

El miércoles muy temprano sale el avión. En el viaje pensaré en todas las partes de I, en la brisa, en las olas, en el río. Tal vez piense sin miedo en las miradas de las vacas rectangulares. De las vacas marrones y pesadas. No me permitiré recordar lo demás. El resto de cosas que me dan miedo están al otro lado de la ventanilla, después del despegue, cuando aún es de noche, y sobrevuelo el mar. Ahí está todo lo negro. Está en lo otro, como su enfermedad, como la mirada de las vacas: está en lo que no puedo ver, lo que no puedo ver aunque apriete los ojos. Aquello es oscuro y negro. Todas las cosas son las que suceden cuando estoy parpadeando. El miedo no me deja escribir sin desgajar. Divido en actos. Despedazo el texto como he despedazado los días:

En el momento en el que estoy

dando forma a una palabra

mi producto

es artificial,

pesado

y sobra.

Está el escenario en blanco.

El habitar

camuflado

y la actuación desnuda.

Están el acto sincero

y el eterno prólogo.

El abismo entre el primer espectador

y el escenario.

Le doy mucha importancia a cosas que no la tienen. Aún así, el terror, porque

IV:

La muerte de una madre aunque esté lejos puede estar muy cerca, aunque esté cerca puede estar muy lejos. Como las demás. Hoy debía escribir sobre una sola.

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