Un Macondo chiquitito

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Qué bien sienta afirmar algo exageradamente y abandonarlo después por el ciberespacio a ver quién contesta. En realidad, luego el aserto ya ha sido dicho antes y todo es una simple repetición de lo que la gente ya sabe, por lo que nadie te va a decir nada, so capullo.

Y este puede ser el día a día de un cualquiera que reseña libros que considera interesante pero que como la industria gráfica es más poderosa, la gente no lee, porque ya ha visto el resumen que cualquier booktuber modernito de esos le ha hecho. Pero no nos engañemos: ni los booktuber saben (de momento) recomendar lecturas en condiciones y de esas que hay que descubrir para disfrutar, ni los críticos saben (de momento) escribir una reseña que te haga decidirte por una obra de una vez por todas.

Por eso es difícil recomendar Geografía de lo inútil de Matías Correa. Bien, podría hacerles un resumen, pero, ¿importaría algo? No más, desde luego, que el aval de una presentación a cargo del ya consagrado Juan Soto Ivars. «¡Ese es un mierda!», me dicen algunos y sí, vale, podría llegar a serlo esforzándose un poco, pero ¿a que lo lees? Pues eso.

El caso es que todas las editoriales independientes, en un momento determinado del año, lanzan una apuesta que consideran que puede ser la que suponga que en lugar de sacar la cabeza del agua puedan airear también los hombros, con la publicación de algo bueno, muy bueno, estupendo. No sabemos si en Editorial Comba pretendían esto mismo con el grande de Matías, pero desde luego que es una apuesta muy fuerte. No lo digo yo, lo dice la obra.

Geografía de lo inútil es un Macondo chiquitito, una trama generacional que gira en torno a un pueblo, a un piso, a una habitación, a una estantería, a una caja… A las páginas de un libro delicioso. Se siente uno parte de la obra cuando la lee y casi puede moverse por sus espacios. Para decir algo malo de esta geografía… tendrían que leerla. Pero en definitiva, la sensación que despierta es lo más cercano al placer que tal vez se pueda encontrar a este lado del charco.

Acompañar a los personajes a través de una prosa cuidada, a propósito de un pequeño dios que se mueve entre una escena y otra y las engarza con maestría como si estuviera hilando un fino tapiz. Se le coge cariño a cada manía de cada personaje, abierto visceralmente para mostrarnos su anatomía, la geografía de sus movimientos sin importancia pero cruciales para la pequeña ubicación en la que se encuentran y sus habitantes futuros. La relación, siempre precisa, de un aleteo que arranca vendavales para sucesos venideros.

Un recurso muy manido es el de afirmar que uno quiere seguir leyendo cuando termina la última página. Realmente, el autor ha decidido cerrar la obra justo en ese punto, pero hubiera podido extenderla más de haber querido. Ahora bien, ¿habría sido más perfecta Cien años de soledad con unas páginas más? ¿Hubiera sido más completo el Tractatus logico-philosophicus con el añadido de más proposiciones? Geografía de lo inútil podría ser una futura obra U-N-I-V-E-R-S-A-L. Aquí está mi exageración, la que hará circular la reseña en busca de una respuesta de nadie, porque a nadie le interesa la reseña, porque debería interesarte el libro.

Realmente es muy exagerado, pero el lector saldrá ganando si acude a leerla y tras hacerlo dirá de mí: «¡Ese es un mierda!», y sí, estoy seguro de ello, pero el disfrute de la obra ya no te lo quita nadie, ¿no?. Pues eso. Y querrás al bueno de Matías. Y disfrutarás con la edición de Editorial Comba. Y ya.

Geografía de lo inútil

Matías Correa

Editorial Comba

Abril de 2015

192 páginas

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