Una célebre casualidad para la teoría del cine

Moscú, años 20.

Un amigo del húngaro Béla Balázs, vecino de la capital soviética, contrata a una criada de un recóndito pueblo de la Rusia más profunda, esa a la que no se puede llegar de otro modo que no sea andando.

La señora desconoce el cinematógrafo y el amigo del teórico del cine, sorprendido porque aún exista gente que lo ignore a esas alturas del siglo, le paga una entrada para que disfrute de la proyección de una película de éxito en una sala de la ciudad.

Un poco asustada y visiblemente más enfadada de lo que un rostro soviético pueda reflejar, la criada regresa a casa antes de tiempo.

En la civilizada Moscú, pregona, se admite y excita un espectáculo consistente en la reiterada exposición de cabezas cortadas.

Balázs se ríe exageradamente de la anécdota, toma un trago de su copa y anota en su cuaderno de impresiones que una criada analfabeta realiza una lectura deconstructora del uso del primer plano.

Satisfecho, se recrea ante el éxito emergente de una nueva tesis que llevará su nombre.

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